26 octubre 2017

Petición de colaboraciones para el vol. VIII del Boletín de Literatura Oral

Se encuentra abierta la recepción de artículos para el volumen VIII del Boletín de Literatura Oral (https://revistaselectronicas.ujaen.es/index.php/blo), editado por la Universidad de Jaén. La convocatoria está dirigida a la comunidad científica y universitaria, tanto nacional como internacional. Solo se admiten trabajos completamente inéditos que no estén siendo considerados por otras revistas.

Los artículos, deben enviarse a través de la plataforma electrónica de la revista, en la que es preciso registrarse como Autor:
Se considerarán todas aquellas aportaciones dedicadas a la tradición oral en el ámbito hispánico desde la perspectiva de estudio literaria, histórica, paremiológica, lingüística, musicológica, etc. Los trabajos presentados podrán redactarse en cualquier lengua romance, además de en inglés.
El BLO está indexado en ESCI (Web of Science), SCOPUS, CIRC, Dialnet, DICE, Dulcinea, EBSCO, ERIH PLUS, ISOC, Latindex, MIAR, REDIB, RESH y ULRICH'S

19 octubre 2017

Odres nuevos



Odres nuevos, retos y futuro de la literatura popular infantil. IV Jornadas iberoamericanas de investigadores de Literatura Popular Infantil, Cuenca, 17 a 19 de junio de 2015

En este volumen se recogen diversos trabajos sobre las líneas de investigación, el futuro y los retos a alcanzar en el campo de la poesía y la narrativa popular infantil así como su aprovechamiento didáctico. En ellos se aborda, entre otras cuestiones, la vigencia y presencia del Cancionero Popular de Tradición Infantil en la obra de diversos autores así como la pervivencia, la fijación escrita y los nuevos desafíos a los que han de enfrentarse los cuentos y relatos de tradición oral.

https://dialnet.unirioja.es/servlet/libro?codigo=653846

18 octubre 2017

Los paisajes de la voz

Con el título de Los paisajes de la voz. Literatura oral e investigaciones de campo se ha publicado el primer volumen extraordinario del BLO (Boletín de Literatura oral de la Universidad de Jaén). El libro recoge 35 trabajos que revisan de forma muy exhaustiva la investigación de los diversos géneros literarios orales en toda la Península, Baleares, Canarias y comunidades sefardíes. Accesible en línea en http://revistaselectronicas.ujaen.es/index.php/blo/issue/view/BLO.%20N.%C2%BA%20extraordinario%201/showToc


De cultura popular. Entrevista a Luis Díaz Viana



Luis Díaz Viana: “La cultura popular es reliquia, eco de un pasado, pero también es subversiva y transformadora”


Luis Díaz Viana (Zamora, 1951), profesor de investigación del CSIC y algunas otras cosas, es, sobre todo, antropólogo, es decir, hombre que mira al hombre, en una observación que conjuga la intuición de la poesía y el rigor de la ciencia. Ensayista, poeta y novelista, ha recibido recientemente dos premios que le alegran: el de Humanidades y Ciencias Sociales de Castilla y León y el Premio Diálogo; ambos destacan su papel como antropólogo de la contemporaneidad y su lucidez en los estudios de cultura popular.
¿Cómo y cuándo comienza su interés por la cultura popular?
Muy tempranamente, en mi entorno familiar, y era entonces un interés sobre todo relacionado con la oralidad y lo rural. En mis primeros tiempos como catedrático de Instituto en Soria ya me planteaba mi vocación de investigador de lo popular, y entendía que la escritura antropológica debía ocuparse de dejar constancia de la cultura de quienes sólo se comunican en la oralidad, de los que están ajenos a la cultura libresca. Luego, cuando llegué a la Universidad de Berkeley (USA), a principios de los ochenta, hubo quien incluso me acusaría con el tiempo de cierta pérdida de sentido de la realidad de aquí, cuando –en mi opinión- lo que me ocurrió fue justo lo contrario; así que siempre he declarado que yo las preguntas las llevaba “puestas” cuando llego a Estados Unidos. Lo que allí se produce es mi encuentro con la llamada “antropología postmoderna” desde la que algunos antropólogos se hacían las mismas preguntas que yo me venía haciendo para acabar en una parecida respuesta: juntar todo en mi vida (tradición filológica, antropológica, narrativa). Y reflexionar sobre el “antropólogo como autor”.
La comprensión general de lo que significa cultura popular es problemática, se mixtifica con conceptos como cultura tradicional o folklore. ¿Qué piensa sobre eso?
Cultura no es un concepto nada inocente en sí. Se atribuye a Epicuro aquello de “huyamos a velas desplegadas de toda cultura” (educación-paideia). Cultura popular resulta ser aún menos inocente si cabe. Y cultura tradicional puede llegar a funcionar como un constructo a veces decididamente perverso. Ya señalo Gramsci que la cultura popular puede ser entendida y rescatada en sus aspectos más conservadores, de reliquia y eco del pasado, pero que también lleva en sí una potencialidad subversiva y transformadora: la que a mí me interesa más. Entiendo como cultura popular lo que antropológicamente entendemos por cultura, una cultura de la gente y para la gente, no sólo de los cultos o de los artistas e intelectuales que encarnan la cultura hegemónica.
¿Propone entonces una visión diferente de la cultura, ajena a la división convencional?
Es evidente. Aquí ha tardado en entrar y aún está lejos de ser aceptada una concepción antropológica de cultura. La separación entre Cultura con mayúsculas y “la otra cultura” es muy fuerte. La cultura es el conjunto de conocimientos, expresiones, lenguajes y sistemas simbólicos de representación que un grupo humano crea y se transmite. Visto así, el afán en separar o calificar los conceptos de cultura, pueblo y tradición pierde bastante de su sentido. Desde una perspectiva antropológica toda cultura se construye popularmente y en base a la tradición (acto de entregar-tradere saberes) entre generaciones. Yo añado una perspectiva más a las dos que, siguiendo a Gramsci, apuntaba antes: la del “folklore remedo”, que en vano persigue pureza o autenticidad para devenir casi siempre en rigidez o esclerosis cultural.
¿Cuáles serían las críticas más importantes que pueden hacerse a la manera en que se ha venido recopilando, clasificando e investigando la literatura popular?
Creo que esa concepción decimonónica y romántica de lo popular idealizando al pueblo, “construyéndolo” desde una perspectiva nacionalista y esencialista (al tiempo que ignorando a la gente real y su capacidad creativa en la práctica) ha perjudicado lo que sin duda era un gran edificio teórico y metodológico. En ese separar lo popular-tradicional de lo vulgar aletea la sombra de Herder hablando de un pueblo-pueblo, el campesino, y despreciando al populacho vocinglero de las ciudades. Fijar la atención o más bien “depurar” una literatura popular, la tradicional, rural, oral y antigua es ignorar todo lo que la rodea, envuelve y la hace posible.
¿No cree usted que sean válidas, por tanto, las investigaciones centradas únicamente en los textos avalados por la tradición, los que delatan una cierta antigüedad?
Creo que resulta imprescindible tener en cuenta las intersecciones, las comisuras, los constantes caminos y puntos de contacto entre la llamada literatura vulgar y la consagrada como tradicional; esos planteamientos puristas y “salvamentistas” sobre lo tradicional-popular se han ido volviendo cada vez más insostenibles, porque mientras algunos pretendían mantener a toda costa la “autenticidad” de tales expresiones llegó la globalización que ha dejado a todo hijo de vecino “con el pie cambiado”. En la filología interesada por los cantos folklóricos ocurría con cierta asiduidad lo que en el derecho: se ha construido un corpus monolítico –lo salvable, conservable y aplicable- al que amenaza la mera sombra de la diversidad que queda fuera: resulta más fácil que el pueblo sea sólo una parte del pueblo, que se recoja y estudie lo que hace pero no cómo lo hace, que se descontextualice lo recopilado para poder juntar y comparar. La filología en estos ámbitos que comentamos se ha centrado en las encuestas folklóricas, pero ha despreciado en general el trabajo de campo continuado, no sea que nos fuéramos a enterar de algo que no nos interesaba, y ha profundizado en las técnicas de encuesta pero ha obviado la entrevista, recogiendo sólo datos muy escuetos de los informantes. Y es que los hechos escapaban a los métodos y la realidad podía estropear la teoría.
Usted ha acuñado la expresión “guardianes de la tradición”, ¿qué significa?
El término no está exento de leve ironía. La aproximación a la cultura popular se ha hecho desde distintas esferas y con diferentes propósitos o intereses. Por ejemplo, con una intención de mero divertimento o hobby; y, en tales casos, entre folklorismo y senderismo puede no haber –a veces- más distancia que la de la actividad que se desarrolla después de ir de lugar en lugar por el campo (pensemos en las sociedades de excursiones a las que tanto movía la curiosidad etnográfica); o desde la inspiración estética (para recrear formas del pasado o innovar con otras que pueden resultar vanguardistas). En el caso de la tradición filológica hay grandes luces y algunas sombras.  Yo puedo abrazar también, si no tanto la idea del autor-legión (en cuanto que despersonaliza a ese pueblo y le roba a menudo su rostro), sí la creencia de que el pueblo, la gente, el folk crea realmente; pero no que se mitifique al pueblo sin llegar a conocerlo, que se le idealice para ignorarlo y reducirlo a una especie de “archivo con boina”; hasta el punto de que esa receta recopiladora del folklorismo se convirtiera, con frecuencia, al ser aplicado por algunos creyentes de la fe en la tradición, en una suerte de “catecismo tradicional”, desde el  que lo más recomendable era plantearse pocas cosas respecto a los términos y conceptos que se habían venido empleando.
¿Las relaciones entre lo oral, lo escrito y lo impreso han sido tenidas en cuenta o han sido más negadas que investigadas?
Esos “guardianes de la tradición” mantienen una cierta prevención ante el “textualismo indidualista” que comprendo, pero parten también –a menudo- de planteamientos en exceso historicistas. Y, para mí, hay un tiempo –o un modo de entenderlo- de la antropología que no se reduce al de la historia, es decir, si observamos bien, hay continuidades sorprendentes en lo cultural, así como diferentes tiempos según la gente que vive en una misma época. Esa convicción, tan extendida en países como éste, de que sólo pueden crear cultura los cultos responde, evidentemente, a una visión elitista de cultura. Y nuestra historia, hasta hace no tanto, sólo se ocupaba de ese tipo de creaciones culturales. Pero hay más: encuentro sorprendentes otras afirmaciones según las cuales se supone que en las regiones subsaharianas o en Oceanía viven pueblos con culturas que tienen más que ver con nuestra Edad Media que las supervivencias folklóricas actuales. Lo que va tanto en contra de la antropología como de la historia. Así que, a la visión elitista, habría que añadir otra bastante etnocéntrica de la cultura.
¿Qué asuntos tiene pendientes el estudio de la cultura popular?
Falta mucho por ser recogido y comprendido, nos faltan eslabones que están ahí, esperando que los documentemos, pero resulta más cómodo -en la mayoría de las ocasiones- no complicarse la vida, es decir, pensar que lo oral y lo escrito no se interinfluencian. Muchos siguen llevando hasta el último extremo el “principio lordiano” (teoría de Lord) de lo “técnicamente oral” y arrojan indebidamente al ostracismo todo lo demás. Pero el funcionamiento de la cultura (popular o no) es más complejo. Hay que relacionar tradiciones. Hay que volver sobre todo a Gramsci, considerar sus diferentes maneras de aproximación y entendimiento de lo popular, y no definir este concepto excluyendo vertientes o estigmatizándolas. El único axioma que yo defendería respecto al discurrir de las culturas es que no hay en ellas prácticamente procesos irreversibles.
En su libro De lo propio extraño late esa idea de la mirada antropológica integradora…
Sí, hemos construido un exotismo del otro (del antiguo o del lejano), sin advertir que el conocimiento de los otros (una preocupación constante de la antropología) nace de un interés por nos-otros mismos, al menos por nuestra propia memoria cultural, por lo más cercano. Lo que resulta más importante y revolucionario es que –en efecto- la gente, los grupos humanos crean y transmiten cultura y arte; desde luego el lenguaje se inventa y transforma así: cada individuo tiene capacidad de crear y de disfrutar las creaciones humanas como parte de un gran relato humano, y nadie debería negarle ni esconderle ese derecho. El derecho y la capacidad que nos han hecho la especie que somos. Me interesa pues la cultura llamada popular y la antropología como proyecto humanizador de una humanidad siempre mejorable en la que, sin embargo, podamos encontrarnos y ayudarnos todos en la diversidad y las diferencias. Creo que, si nos identificáramos con ese gran relato, podríamos –quizá- mejorar algo este mundo cada vez más preocupante.


Esta entrevista se publicó en CaoCultura el 24 de octubre de 2016: 
http://caocultura.com/luis-diaz-viana-la-cultura-popular-es-reliquia-pero-tambien-es-subversiva-y-transformadora/


Tradición oral y zambomba. Una entrevista a José Manuel Fraile Gil



José Manuel Fraile Gil publica Tradición oral y zambomba (editorial Lamiñarra), un libro decisivo en la recolección y el estudio del folklore hispánico.

Tradición oral y zambomba (libro y dos CDs) congrega 351 etnotextos (romances, canciones, melodías), y otros tantos registros sonoros, recogidos por José Manuel Fraile y sus colaboradores a lo largo de las últimas tres décadas. La procedencia geográfica de los materiales ya da cuenta por sí sola de la relevancia de la tradición oral sostenida alrededor de un instrumento tan primario y a un tiempo tan dúctil: muestras de qué se ha cantado -y aún con fortuna se canta- en Andalucía, Aragón, Baleares, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Cataluña, Extremadura, La Rioja, Madrid, Murcia, Navarra, Valencia, América y Portugal.
Hablamos con José Manuel Fraile el pasado 21 de junio, primer día del verano, en Rota (Cádiz). Allí nos recibió Luis Espinar Lluelma, su mujer Mónica, y el grupo de familiares y amigos que en las cruces de mayo, en los atardeceres del verano, en diciembre y “cada vez que encarta” se juntan para darse la alegría de cantar juntos. El grupo de Luis Espinar tiene un protagonismo especial en el libro de José Manuel Fraile: el folklorista dio con ellos hace sólo cuatro años, cuando casi se disponía a cerrar el frondoso corpus de canciones de zambomba que había ido reuniendo durante casi toda su vida. Advirtió felizmente entonces que la tradición oral tiene, de vez en cuando, transmisores conscientes y responsables del patrimonio que  les fue legado por sus padres y abuelos y en cuyo cuidado y conservación ponen todo ese esmero y cariño que la histeria social imperante hace tan difícil.
Usted comenzó a hacer trabajos de campo hace casi cuarenta años. ¿Recuerda la primera muestra de zambomba que recogió?
Para mí la zambomba fue, hasta 1980, sólo un instrumento navideño que los niños hacían sonar por las calles del Barrio de Lavapiés, donde crecí. A lo sumo, tenía algunas referencias antiguas por las noticias que de esta tradición daban los autores de sainetes del siglo XVIII o los escritores costumbristas del XIX. En 1980 un compañero de estudios me planteó un viaje a Cañamero, en la provincia de Cáceres, su pueblo natal. La encuesta de Cañamero (al que he regresado muchas veces) me deslumbró, hombres y mujeres me cantaron un repertorio riquísimo de viejos romances, canciones narrativas y otras composiciones líricas; el canto se apoyaba en el ronco sonido de una gran zambomba construida con corcho y cubierta con piel de liebre.
Su libro destierra la falsa idea (por lo menos mantenida aquí en el Sur) de que la zambomba es asunto exclusivamente navideño…
Claro. La recolección me ha ido demostrando la amplísima ocasionalidad que ha tenido y tiene el canto de zambomba. Es cierto que la Navidad ha aglutinado bastante de esta tradición en el centro y en el oeste andaluz, así como en muchas zonas de Extremadura, por ejemplo, pero he recogido testimonios vivísimos de reuniones alrededor de la zambomba en fechas de matanza o en la celebraciones de los llamados “Santos Viejos” (de mediados de enero a principios de febrero); el uso carnavalesco fue sumamente importante en casi toda la mitad norte de la Península, y algunas de las mejores encuestas que he podido hacer han ocurrido en el este de Andalucía, en la Axarquía malagueña y en la Alpujarra granadina, donde la zambomba tiene un primordial uso veraniego.
También su libro destierra en buena medida el mito de que son las mujeres las exclusivas depositarias y transmisoras de la tradición oral…
Es una cuestión que habría que tener muy en cuenta en los estudios de folklore. La verdad es que he encontrado muchos de mis mejores informantes en hombres que formaron parte de grupos de ronda, postulantes o aguinalderos, un contexto en el que la zambomba ha tenido un lugar protagonista, y he podido recoger riquísimos repertorios de grupos de hombres muy jóvenes que trabajan por mantener la tradición, es el caso por ejemplo de la cuadrilla de mochileros de Gaena, en Córdoba. ¿Por qué el tópico de las mujeres? Bueno, como transmisoras tienen, en general, una actitud más abierta, curiosa y también modesta, quizás conectan antes que los hombres con un desconocido que les pregunta sobre su memoria. Pero creo que es importante considerar que el baile, el canto y la tradición fueron patrimonio de las clases populares durante siglos sin distinción de sexo ni de edad y que a partir de 1937 todo eso pasó a ser competencia directa de la Sección Femenina de Falange y de sus talleres, grupos y escuelas, únicamente poblados por muchachas. La otra cara de la moneda son los abundantes grupos de mujeres que, ya en el período democrático, se asociaron y han tenido como una de sus ocupaciones fundamentales la transmisión de la cultura tradicional.
¿Qué aspectos básicos de la tradición de la zambomba ha querido recoger en el libro?
Pues fundamentalmente éstos: el tiempo en el que se tocaba, los materiales diversos con los que se ha construido (corcho, barro, metal…), las áreas geográficas donde se usó de una u otra forma, y por supuesto el amplio corpus de literatura oral que acompañó su sonido.
Háblenos del corpus. El libro también rompe mitos acerca de eso.
Hasta cierto punto, la zambomba es omnívora en cuanto a los tipos de textos que puede integrar en sus ritmos. A la hora de organizar el corpus (tarea nunca fácil) he dividido el repertorio en dos grandes grupos, el de temática profana y el de temática religiosa. La vertiente profana está sensiblemente más representada, el libro recoge 250 entradas de romances y canciones narrativas de asunto muy diverso, desde romances históricos o carolingios hasta relatos sobre adulterios, aventuras amorosas varias, peticiones de aguinaldo o burlas. Los cien temas incluidos en el repertorio devoto se reparten entre narraciones de los episodios más vinculados a la cultura popular (nacimiento y vida de Cristo, milagros de la Virgen o hagiografías) y canciones ceremoniales. Por lo demás, no quería ofrecer una simple relación de textos, así que he procurado comentar de cada uno de ellos no sólo los datos de recolección, sino su específica ocasionalidad, su tipología y sus relaciones literarias y culturales.
¿Cree que ha conseguido reunir en este libro todo lo que se ha cantado al ritmo de la zambomba?
Claro que no. Esta tarde Luis Espinar y sus amigos me han cantado algún tema que no recordaron en la encuesta anterior, en la Navidad de 2012. En este tiempo han hecho un especial esfuerzo por anotar la memoria de sus padres y abuelos. La tradición oral sigue abierta, siempre lo ha estado, siempre es capaz de renovarse, ése es el milagro.

En Rota, el martes pasado, soplaba fuerte el levante, hacía calor. Cantábamos en el patio de María, las personas que pasaban por el portal se detenían a curiosear, extrañados de oír una zambomba en verano.

(Esta entrevista fue publicada en CaoCultura el 24 de junio de 2016:  
http://caocultura.com/cuando-verano-trae-zambombas/



04 junio 2014

Crónica popular del Doce
Editorial Alfar, 2014
Coord. María Jesús Ruiz
Capítulos y autores:
Lola Lozano: El pueblo soberano en la ciudad de las Cortes; Manuel J. Ruiz Torres: El bienestar de los individuos. El Cádiz constitucional en el progreso a la cocina moderna; Marcos León Fernández: De sayas, monillos y mantillas: la indumentaria del Doce; Manuel Naranjo Loreto: Los primeros de la fiesta: aires flamencos del Doce; María Jesús Ruiz: La memoria del francés: romances y canciones en la tradición oral hispánica; Juan Ignacio Pérez y Ana María Martínez: La memoria del francés: historias de vida; Julián Oslé Muñoz: Epílogo. Pueblo, plazas y calles de Cádiz cien años después: 1912 en las fotografías de Ramón Muñoz 



Crónica popular del Doce indaga en la intrahistoria de España en los inicios del siglo XIX, y en particular en los tiempos de la Guerra de la Independencia y de la primera Constitución, La Pepa, proclamada en Cádiz el 19 de marzo de 1812. Este libro pretende ser un fresco de la vida cotidiana de aquel momento, de los usos, ritos, costumbres y prácticas sociales de una ciudadanía que, a raíz de la Revolución Francesa, comenzaba a sentirse pueblo, de una burguesía que no pudo ser y de una aristocracia que, seducida por el estado de gracia de ese pueblo, intentaba imitar sus maneras desenvueltas. Es también un catálogo de la memoria mítica que este país fue amasando desde aquellos años trágicos, convertidos por obra y gracia del tiempo y la ficción en años heroicos. Y es asimismo una mirada melancólica al Cádiz liberal de 1912, aquélla que celebró el centenario de su libertad irreductible con una esperanza que nos interroga desde el pasado.
Para tejer tal urdimbre, se ha contado con un grupo heterogéneo de investigadores que desde la historia, la antropología, la filología o la etnología han buceado más allá de la crónica oficial, buscando la cara oculta de un tiempo decisivo. La vida cotidiana y la convivencia, la cocina de ricos y pobres, la indumentaria y las modas, el flamenco, las coplas contra el francés, las historias de vida, las fotografías de un centenario… Desde sus diferentes disciplinas, los autores han partido de un acuerdo común: contar el cuándo, el cómo y las peripecias de la cultura popular del Doce y mirar antes que nada, para hacerlo, a través de los ojos de quienes construyeron esa cultura popular.